Gobernar no es pedalear para la foto: la brecha entre las prioridades de la gestión y el bolsillo de la gente



En la gestión pública existe una máxima no escrita pero constantemente aplicada: 


Cuando se administra dinero ajeno, cualquier gasto parece barato. La reciente insistencia con iniciativas como el Plan TuBi vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo sobre la administración de los recursos del Estado.

 

​El problema no es la bicicleta en sí, sino lo que representa en términos de asignación presupuestaria. Hay un detalle fundamental que la política suele dejar en segundo plano: los fondos públicos no pertenecen a un gobernador ni a un gobierno de turno; pertenecen a cada uno de los puntanos.


​Las prioridades distorsionadas
​Mientras se destinan partidas a programas vistosos y amigables para la foto oficial, la realidad cotidiana de quienes sostienen la estructura fundamental de la provincia sigue postergada:


​Salud: Profesionales y personal médico enfrentando guardias desgastantes sin una recomposición salarial acorde.


​Educación: Docentes que deben sostener la calidad educativa en aulas con recursos limitados.


​Seguridad: Efectivos policiales que garantizan el orden público con salarios y condiciones que siguen lejos de lo óptimo.


​Resulta difícil explicarle a un profesional de la salud o a un maestro que los recursos para mejorar sus ingresos son escasos, mientras se observa un despliegue presupuestario en iniciativas secundarias. Los médicos, los docentes y los policías no pueden pagar sus impuestos ni sus facturas pedaleando.


​La responsabilidad del gasto público
​Gobernar implica tomar decisiones estratégicas sobre recursos que son finitos. La efectividad de una administración no se mide por la cantidad de programas efectistas que presenta en sus actos, sino por su capacidad para jerarquizar el gasto y fortalecer los servicios esenciales.


​Ojalá que este tipo de decisiones comiencen a quedar en el pasado. La provincia necesita que cada peso aportado por los contribuyentes se destine donde verdaderamente genera impacto: en salarios dignos y condiciones laborales óptimas para quienes garantizan los pilares fundamentales de la sociedad.


​Gobernar exige responsabilidad fiscal y sensibilidad social. No se trata de pedalear para la foto, sino de saber exactamente dónde debe ir cada peso de la gente.